martes, septiembre 23, 2008

Cap 1: La nueva; Historia: Besos de miel

Sí, me encontraba mirandole a los ojos, por fin, después de todo aquel tiempo de intentos fracasados, frustaciones, discusiones y más derivados del concepto mala relación, me encontraba junto a él en aquel estúpido escenario, un baño de un garito. Mientras le miraba, recordé como le conocí.

Yo andaba perdida por el instituto, era mi primer día en un insituto nuevo, yo era la novedad (frustrante) y todos los alumnos de 4º de ESO de aquel curso me miraban, y estaba segura de que no era por mi belleza. Una chica se sentó a mi lado, se llamaba Ali, tenía los ojos azules, los mofletes redondos y algunas pequitas que le daban un aspecto muy gracioso. Cuando Ali se sentó a mi lado me sentí aliviada, sentí que por fin había alguien que no me veía como una mierda, o un bicho raro, y experimenté una especie de emoción por el estómago, de calidez reconfortante.

-Hola- me dijo, su voz, un poco chillona, era también igual de infantil que su aspecto- ¿Cómo te llamas?
-Me llamo Arcania, pero me suelen llamar Arc- le contesté yo, renegando para mis adentros de mi nombre.
-Joder, pedado de nombre- dijo ella entre risas, que, para variar, eran de bebé.

Desde ese momento Ali y yo nos hicimos amigas, además, ella era el complemento ideal para mí, todo lo que me faltaba. Ella era infantil y graciosa, mientras que yo, era alta, pálida con los ojos muy negros y pelo muy moreno que me daba un aspecto siniestro que me gustaba, pero en ocasiones me hacía sentir incómoda. Con ella me sentía agusto, porque eramos muy opuestas, pero eso era lo que compementaba y equilibraba la amistad.

Ali y yo haciamos todo juntas, fue mi mejor amiga en aquel extraño insituto. Incluso juntas nos dimos cuenta de lo guapo que era el chico que entró a hacer prácticas de química en nuestra clase. Él era, simplemente perfecto. Tenía unos ojos del color de la miel que me mataron, y me matarán siempre, me hicieron volar en un mar dulce donde me sentí acunada por su mirar, su dulce mirar tan dulce como la miel, una extraña miel oscura y clara a la vez, una cara de niño que me volvía loca por tener un toque diabólico y aquella expresión de melancolia que me incitaba a abrazarle. Su boca, mientras hablaba, me pedía besos, y mi cerebro respondía inconscientemente...


CONTINUARÁ